Zahara: Dancing Without Fear of Judgment Is a Brutal Act of Freedom

Emma Caldwell
September 21, 2026

If there is an artist who has known how to reinvent herself without stopping being herself, that is Zahara. Since she burst onto the music scene with La fabulosa historia de…, more than two decades ago, her career has been a succession of changes, searches and jumps to places that, at first, seemed distant from what we expected of her. From singer-songwriter to pop, from the guitar to electronic music and, from there, to a dance floor turned into a stage. Each stage has expanded the limits of the previous one.

In recent years, that exploration has found its most physical expression in ZAHARAVE, the project with which Zahara has taken her commitment to electronic music to the stages and festivals and has turned her songs into material for dancing. A proposal that breaks down the borders between the concert and the club and in which the dance floor ceases to be merely the place from which one observes to become the center of everything: a space of encounter, freedom and community.

Now this project changes format and arrives ZAHARAVE:lite, the club version of the project, landing in small to mid-sized venues with a party lasting more than three hours. Zahara’s songs will be remixed live by PERARNAU IV, who will also handle the warm up, and each night will feature local scene DJs to prolong the party. A format smaller in size, but not in ambition: here the closeness to the audience is precisely one of the keys.

A project born from the need to create a safe space for her community and bring her new songs to the context for which they were created, the dance floor. A more visceral and intimate experience in which, for a few hours, the borders between artist and audience fade and dance becomes also a form of connection and reclamation. Zahara continues to explore, but this time she does it closer to the ground, to bodies and to the people in front of her. From MUJERHOY we talk with the artist about this new project.

MUJERHOY. ZAHARAVE:lite nace de ZAHARAVE, pero cambia completamente el contexto: pasas de los grandes escenarios y festivales a salas pequeñas y a la pista de baile. ¿Qué querías recuperar al hacer el formato más pequeño?

ZAHARA. One of the characteristics of electronic music is that growth, the more horizontal, the better. It’s not about one DJ being more successful than another, but about the DJ ensuring that the community dances and stays in sync. The large spaces matter less than that connection. When I created ZAHARAVE I tried to bring to my show what I feel when I go to a club, but I ran into many problems trying to achieve it. In festivals I have a huge stage and I want to take advantage of it, but there are also defined times and a structure.


Zahara en la presentación de ZAHARAVE:lite

Al final, lo mío siempre ha sido un híbrido entre el pop y la electrónica. No estoy jugando en un terreno puramente pop ni puramente electrónico, sino que me muevo entre los dos, y creo que eso es también lo que hace especial la propuesta. En los festivales estaba creando un show que me encanta, muy dinámico, en el que pasan muchas cosas: bailarinas, música, un arpa… Es una especie de feria. Pero me estaba perdiendo precisamente lo que más me gusta de una rave: el club, la cercanía, que haya pocos elementos en el escenario y que puedas olvidarte incluso de que estás en un concierto. Hay momentos para la introspección y para el baile individual, y este nuevo formato me permite conectar más con aquello que quería transmitir.

¿En qué momento te das cuenta de que ZAHARAVE ya no es solamente una gira, sino un universo propio que puede seguir mutando?

Nació de manera natural con PUTA. Ya en los propios conciertos de presentación había un final que era un poco más electrónico y la gente decía: «¡Qué rave monta Zahara!». Y yo pensaba: «A ver si es verdad qué lo estoy haciendo». Hicimos La Puta Rave, pero seguía muy ligada al disco de Puta. Había muchas guitarras utilizadas en un sentido más clásico y, aunque la dinámica era juguetona, todavía no estaba tan conectada con la electrónica. Creo que fue al año siguiente, cuando decidí quitarle el «Puta» y que fuera ZAHARAVE, cuando me di cuenta de que podía lograr algo increíble: una conexión entre el pop y la electrónica, e intentar que convivieran en un lugar casi mágico que solo aparece cuando se abre cierta ventana y surge la oportunidad.

El año pasado, cuando nos llamaban para tocar en lugares pequeñitos, en un Radio 3 o en algún ciclo, me llevaba a Martí y estábamos las dos tocando. Y pensaba: «Esto es mucho más guay». Lo otro es espectacular, lo he creado yo y estoy súper orgullosa, pero esto se parece más. Todo el rato pensaba que había que hacer una gira solo así. Al final ha sido la manera de expandir ese concepto de rave. O, al revés, de implosionarlo: concentrarlo todo, sintetizarlo y expresarnos desde la cercanía.

Cuando empezaste a llevar tus canciones al terreno de la electrónica, ¿imaginabas que acabarías haciendo algo tan cercano a la cultura de club?

No, porque siento que todavía las barreras y los muros que hay entre el pop y la electrónica son muy altos como para saltarlos. Por un lado está bien que sea así: que en cada género haya una búsqueda y una manera de profundizar y profesionalizarse. Pero también creo que tanto la electrónica como el pop deberían estar en continua vanguardia, búsqueda y descubrimiento. Esos muros deberían caer para que una propuesta como la mía pueda ser entendida en ambos sitios.

Al principio no pensé que pudiera llegar a hacerlo, pero despues llevamos este concepto a festivales y ví que de repente el público estaba muy conectado conmigo, con lo que estaba contando y con el discurso. Había gente que estaba a muerte con la propuesta y encajó perfectamente. Te das cuenta de que todo el mundo está entendiendo lo que haces.

Empezaste en la música con canciones muy construidas alrededor de la palabra y de la emoción. ¿Cuándo te enamoraste del techno y cómo decidiste incorporarlo a tu sonido?

Lo fui descubriendo muy poco a poco. En la gira de Astronauta tuve que romper muchos prejuicios porque era de ese tipo de persona que pensaba que la música electrónica era algo frío y extraño. No le veía la conexión emocional. Entonces Martí empezó a ponerme discos de Caribou, Floating Points, Moderat… Cosas que yo podía comprender y que veía que no estaban tan alejadas de lo que yo hacía.

Berlín U5 viene de eso: de ir a Berlín y acabar en una rave enorme en la que pinchaban muchísimas personas, entre ellas Villalobos y Richie Hawtin. En la sesión de Richie Hawtin me explotó el cerebro. No entendía nada, era incapaz de comprender cómo estaba haciendo la música. Quería agarrarme a cosas que pudiera identificar, pero no las encontraba y, aun así, no podía parar de bailar ni de estar fascinada.


Zahara en la presentación de ZAHARAVE:lite

Eso es un poco lo que sucede en la electrónica y, sobre todo, en el minimal techno, que es uno de mis estilos favoritos. Los cambios son transiciones muy lentas en las que no hay ningún loop exactamente igual al anterior. Todo el rato hay pequeños movimientos que hacen que tu cerebro esté atento a lo que sucede. Salí de allí pensando: «No sé qué es esto, pero lo quiero en mi vida». Fue un flechazo. Creo que cualquiera que tenga algún tipo de prejuicio debería probarlo.

Tus canciones siempre han tenido mucho de catarsis. Ahora esa catarsis pasa por bailar. ¿Te interesa esa idea de que una emoción pueda dejar de pensarse y simplemente atravesar el cuerpo?

Yes. I leave these concerts renewed, which is a bit what I feel when I go to a club. It’s not just a moment of partying or escapism; it’s the opposite: it’s putting myself there, in the middle of everything and, as you say, ending up singing not only from the mental plane but also from the emotional. It’s incredible.

Sí. I leave these concerts renewed, which is a bit what I feel when I go to a club. It’s not just a moment of party or escapism, it’s quite the opposite: it’s putting myself there, in the middle of everything and, as you say, ending up singing not only from the mental plane but also from the emotional. It’s incredible.

¿Hay alguna canción de tu repertorio que hayas descubierto de nuevo gracias a esta nueva manera de tocarla?

Me pasa con dos canciones que son ejemplos totalmente contrarios. Una es Camino a Los Ángeles, de 2011, de La pareja tóxica. Es una canción muy violenta que compuse en un momento de mucho cabreo y que siempre dedico en directo a aquellas personas que odiaron mi carrera. Nació con una versión muy a lo Johnny Cash, muy de guitarra y muy dolorosa.

Después ha tenido muchos viajes con banda: la hemos hecho más country, incluso más jazzera. Y estuvo en la gira de la rave pasada. Fue increíble cómo una canción tan violenta se transformaba musicalmente. Nos tirábamos al suelo, éramos como animales que nos arrojábamos y acabábamos en posiciones imposibles. Se convirtió en mi canción favorita.

Y me pasa lo contrario con La gracia, una canción de Lento ternura que para mí es bastante heavy, muy emocional. Gracias a que tiene un desarrollo instrumental, cuando acabo de cantar me quedo nueva. Es como: «Te he soltado todo esto y ahora bailo». El movimiento tiene incluso una explicación desde la psicología. Cuando estás muy alterado por algo y el cerebro inferior domina al superior, una manera de volver a conectarlo todo es mediante el movimiento. Es como: «Venga, muévete, sácalo todo, reiníciate y vuelve a la vida».

En este nuevo concepto hablas de la pista de baile como un espacio de encuentro y libertad. ¿Por qué te parece importante reivindicar hoy el club como espacio político?

Me lo parece y creo que, tal y como se están dando las cosas, es más necesario que nunca. Estamos perdiendo los lugares, las plazas de los pueblos, esos espacios de conversación, conexión y cuidado. En una rave o en un club se generan unos códigos de cuidado global. No es un milagro, a veces alguien la lía, pero, por norma general, lo que suele suceder es que tú te diluyes un poco, dejas de ser la protagonista y sientes que la comunidad que baila es la protagonista y tienes que cuidarla.


Zahara en la presentación de ZAHARAVE:lite

Y eso me parece hoy súper potente porque no tenemos lugares donde nos preocupemos por el otro. Solo nos comunicamos por redes sociales, donde podemos ser quien sea, soltar una burrada y escondernos en un avatar. Dejamos que los mensajes incendiarios colapsen todo y nos llenamos el cerebro de información que no lleva a ningún sitio. La rave es un antídoto contra todo eso, no es solo quedarse en un momento de distensión lúdica, sino que es mucho más. Y eso, como mínimo, es lo más político que se me ocurre a día de hoy.

Además, si pensamos en el origen político de la rave, podríamos estar hablando todo el día: Detroit, Londres… Todo tiene que ver con espacios de convivencia y, precisamente, con lugares seguros para gente que no se sentía segura. Eso sí hay que reivindicarlo. En este sentido creo que es para lo único para lo que soy purista: para intentar preservarlo.

Hablas del baile, pero también de resistencia. ¿Contra qué crees que estamos bailando hoy? ¿Puede bailar ser una forma de protesta?

Creo que es una de las mejores formas de protesta. Simplemente ponerte a bailar rodeado de gente ya es un gesto contra la forma en la que vivimos. Estamos todo el día pendientes de cómo nos mostramos: qué foto subimos a Instagram, si es demasiado natural, demasiado preparada, qué van a pensar… Vivimos en una constante autovigilancia y creo que bailar es una forma de romper con todo eso.

Es muy bonito cuando ves en una rave los cuerpos que consiguen liberarse de la mirada ajena. El cuerpo que baila como si no estuviera siendo observado. Y puede ser alguien que baile bien o mal desde un punto de vista estético. A lo mejor está bailando increíble, pero sabe que nadie le está prestando atención. O a lo mejor está haciendo un baile feísimo, cero estético, y piensas: «Qué goce»

¿Quién se muestra así a día de hoy, rodeado de gente que no conoce, sin miedo a ese juicio? A veces, cuando vas sola en el coche y nadie te mira, pones una canción que te gusta y gritas, cantas o lloras. En tu habitación también puedes bailar sin preocuparte de cómo te ves. Lo difícil es hacer todo eso cuando estás rodeada de gente. Y eso es precisamente lo que me parece tan brutal de una pista de baile.

En GLITCH reivindicas el error como una fisura desde la que pueden aparecer nuevas posibilidades. ¿De dónde nace esa idea?

Es una idea que yo tengo y que voy rumia​ndo: cuántas veces me he sentido un error. La estética glitch me estaba contando precisamente eso. Entré en un mundo de búsqueda para intentar definirme dentro del error, del que siempre me he sentido parte. Y entonces descubrí un libro fantástico, Feminism Glitch, de Legacy Russell, que habla de esa analogía entre el glitch digital y las personas glitch.

Pensé: «Es que aquí he encontrado la forma de mi zapato». Había encontrado la teoría que sustentaba una tesis que ya vivía en mi cabeza y en mi expresión física. Que esta gira esté bajo el paraguas del glitch y que celebremos el error tiene que ver con esos cuerpos que viven en los márgenes, que han sido considerados fallos a lo largo de sus vidas porque no encajan en lo normativo, ya sea a nivel intelectual, físico, estético o racial. Al final viven en un lugar que parece que la vida real no les permite. Y creo que hay una conexión con la rave y con el club: un permiso. Permitir ser, que no se cuestione quiénes son.


Zahara en la presentación de ZAHARAVE:lite

Para mí era súper importante ensalzar ese mensaje, dar la bienvenida a esas criaturas. Yo soy una mujer, he sufrido muchísimos tipos de violencia, pero aun así soy una mujer muy privilegiada y soy consciente de ello. Ver que lo que a mí me hace sentirme un glitch es, en realidad, una anécdota comparado con las vidas tan complicadas que tienen muchas de las personas que vienen a mis conciertos y que se sienten bien en ellos, para mí hacer este show y llamarlo así era una manera de decir: «Bienvenidas aquí. Mientras yo esté, estáis bienvenidas. Que nadie os eche, que nadie os mire».

Y si alguna vez os han llamado algo, una metáfora del glitch, del error, del fallo, qué bonito. Qué bonito salirse de la norma, porque qué aburrida es la norma. Qué maravilla ser un fallo, no pertenecer a lo excelente. Qué aburrimiento lo perfecto, lo excelente, lo que está bien.

¿Qué conserva la Zahara de La fabulosa historia de… en la artista que eres hoy?

I feel that, in reality, I am the same. In La fabulosa historia…, that album came out with Universal and there were so many traumas… But Zahara from 2005, the one who played at Búho Real and wrote songs like Chica Pop or En la habitación, feels completely recognizable to me. I feel the same. I write songs, discover music, love my profession, get nervous before performing. Yes, there are things that have changed: the aesthetics and, obviously, the life lessons. I am a 43-year-old woman, I have a child and a company. So I was a girl, really.

But inside I feel the same: the same desire to make music every day, the same excitement, the same involvement, the desire for it to work. That excitement is always there. I don’t feel very different.

¿Qué te gustaría que alguien se llevara consigo después de entrar en el universo de ZAHARAVE?

I would like them to have a super good time. I am absolutely clear about it because that is what I do it for. I would love for them to arrive, that as soon as we open the door the atmosphere begins to heat up with Martí and his warm-up, that they put away their phone. If they want to take photos, go ahead, but not be glued to the phone.

And that when my part arrives and I look at the audience, instead of seeing someone glued to their phone, I see someone dancing, enjoying themselves and happy. That when my part ends and the DJ continues to close the night, that person stays in the front row giving it their all. Or in the back, it does not matter. If I see someone and I can think “that’s me,” that person, in some way, is me. If I see myself in the audience transformed into another being, I’m already incredibly happy.

Emma Caldwell
Emma Caldwell
I’m Clara Desrosiers, a writer and fashion editor based in Toronto. I founded Backdoor Toronto to explore the intersection of fashion, identity, and culture through honest storytelling. My work is driven by curiosity, community, and a love for the creative pulse that defines this city.